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lunes, 06 de septiembre de 2010
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Cartas carredanas Mario Corral García


Epistolario sostenido entre Fernando Fernández de Velasco y Manuel Cañete durante los últimos años de la década de los cincuenta del siglo diecinueve. Se encuentra recogido en el volumen XXXIII de la Antología de Escritores y Artistas Montañeses, editado por la Librería Moderna de Santander el año 1953 bajo dirección de Ignacio Aguilera. Tal y como el propio antólogo da a entender, se trata de una selección representativa de lo que debemos suponer una amplia colección de cartas de filiación carredana. El epistolario de Cañete, matriz de las cartas carredanas, se encuentra perfectamente documentado y accesible al público en la Biblioteca Menéndez Pelayo de Santander, pero no así la supuesta serie carredana, incluidas las tres unidades recogidas por Marcial Solana en su antología. Tal circunstancia nos ha obligado a limitar la edición crítica del epistolario a una mera codificación digital del documento librario. Las notas que pertenezcan a Marcial Solana irán en bastardilla.

Biografías

Fernando Fernández de Velasco (Burgos, 1835 – Villacarriedo, 1912)

Hijo de carlistas exilados, su infancia transcurrió en Francia. Una vez retornado, finaliza sus estudios de Derecho en Madrid y posteriormente trabaja como agregado de la embajada en Roma. Tradicionalista en lo político, fue elegido diputado a Cortes por Santander. Tras el derrocamiento de Isabel II, Velasco preside la Junta provincial que coagula las fuerzas favorables a Carlos VII de Borbón en Cantabria, entre cuyas filas se cuenta José María de Pereda, su amigo íntimo. Una vez más, derrotadas las tropas carlistas, se ve obligado a cruzar la frontera de Francia. Tras su readmisión en España, constituye un núcleo integrista del partido tradicionalista en Santander. El año 1899 fue elegido académico correspondiente de la Real de la Historia. Los últimos años de su vida los pasó Velasco en su palacio de Villacarriedo, donde murió el 30 de noviembre de 1912.

Manuel Cañete (Sevilla, 1822 – Madrid, 1891)

Poeta, dramaturgo, crítico y periodista, escribió su primera obra de teatro a los diecinueve años, aún en su ciudad natal. Poco después se traslada a Madrid, donde trabaja como periodista y crítico literario. Ingresa en la Academia de Bellas Artes de San Fernando, en la de Historia y en la Real Academia Española, de la que fue censor.

Marcial Solana (Santander, 1880 – id., 1958)

Doctor en Filosofía y Letras, sección Filosofía, y Derecho por la Universidad Central. Académico correspondiente de la Real Academia de Ciencias Naturales y Políticas, presidente del Centro de Estudios Montañeses, directivo de la Sociedad Menéndez Pelayo, de la Delegación en Santander del Consejo Superior de Investigaciones Científicas, el Patronato de las Cuevas Prehistóricas y de la Universidad de Verano del Colegio Cántabro, así como cronista del Real Valle de Villaescusa, de cuyo ayuntamiento fue alcalde durante la primera década del siglo XX.

Edita el volumen correspondiente a la obra de Fernández de Velasco en la ingente colección dedicada a la promoción y estudio de escritores y artistas montañeses que dirige Ignacio Aguilera. Transcribimos de su estudio preliminar: “Cañete pasó algunas temporadas en el palacio de los Díaz de Arce, siendo huésped de don Fernando, y oyó hablar a los habitantes del valle de Carriedo. Era natural que algunos, por lo menos, de los giros, frases y modismos de estos carredanos, y la pronunciación y el acento con que los expresaban, llamasen la atención de quien, como Cañete, era académico numerario y censor de la Real Academia Española. Sin duda por esto, algunas veces empleó don Fernando en su correspondencia con Cañete el lenguaje que podemos llamar carredano. Cañete regaló a Menéndez Pelayo varias de las cartas que había recibido, cartas que hoy se conservan en la Biblioteca del polígrafo. Entre ellas se hallan estas cartas carredanas, hasta hoy inéditas y que, sin duda, poseen algún interés.”

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(1)

París, 13 de marzu del 58

Señor don Leli Cañeti

Muy míu don Leli: Aunqui tardi li escribu carta con el aquel de dicili que si si ha enfuscau conmigu, comu dici el indianu, está mal hechu, porque yo soy siempri aquel mesmísimu ti Nandu de atrás, y sepa qui aunqui nu escriba me alcuerdu de los amigus, y más cuandu están alejaus de unu que cuandu está unu apurríu a ellus.

Lo que sí li diré es qui tengu grandis ganonas di veli y di contali cómo he andau muchas tierras; y no crea que en carru de güeys, sino en unu qui llaman vapor porqui anda muy aprisón; también li diré que nu he alcontrau otra como la nuestra, ni ciudad comu mi Carrieu, y aunque digan que esta de París es mijor, yo digo que es muy asina..., muy pus..., y, en fin, que por toas estas razones escojí la otra.

En Trieste supi cómu algún gran bellacón había veníu y le había chiflau el destinu qui tenía de Indireutor de imprentas, quedándose en ellas con el aquel di administrar la media gazeta qui ahora sali: a dicile verdad el recau no me espantó, pues hacía muchu que yo me li tenía calau, pues bien sé, aunque no lo crea, que los güenus destinus con casa, belones y demás, tienen muchus gulosus. También he sabíu que si había queríu engarrar con Ciprianu Maza, y lu he sentíu porqui los hombris güenus no se echan luchus con los malus y bribonis, y sólu están carauterizaus para seguirlis las patas a palus o darlis un gran tollizu, y esto sin rincor, sinu comu leición pa ellus, y escarmientu de los dimás.

Muchus son lus días que veu al indianu con quien hablu de él y de lus demás amigus con gran satisfaición mía, que nunca tien unu más gustu en ellu que cuandu no lus puei ver, y más si lus amigus son viejus, que enestoncis con nada si pagan, y los nuevus a mi no mi gusta hacelus.

Asina, mi queríu don Leli de mi ánimo, hágame el servicio de darlis a tous un aquel muy ceñíu; no se olvidi del indianu don Joaquín, ni del Roju, ni de don Manolucu el mayorazgu, ni del morenucu de don Riberu, ni del pintor don Hais, ni de Llanus si le vei, ni de don Fermín; en fin, no si olvide de naide, y alcuérdese tamién un poquituco de su güen amigo Fernando Fernández de Velasco.


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(2)

Villacarrieu, hacia el agostu del 59

Nuestru buen ti Leli: Suponiéndoli bien enfrascau, más enfrascau di lo menester en pulíticas, hemus tomau la risolución de enviali este bulitín para que se riya, distirnille y espurra bien a su gustu.

Habemus sentíu muchu el que no haya abajau por estus coterus y lindis, onde de siguru no hace tanta calor como por la corte; pero ya que no lo hizo estoavía, puede volvese atrás, y venise hacia acá. Como no lu hace, nus tememus que li guste hacer gran papel en el Conceju de los siñores y demás unizusistas (¿) que hacen la lengua y parlan y rabian como un perrón en los papeles públicus.

Pero ha de tenei presenti que no son las tales güenas cominencias, y que vale más el güevu frescu de la gallina y el rabu del linchón asau en el rescoldu, y una güena magosta a la sombra de un castañu, que tous los sustantivus que puean discurrir en el tal Conceju y que cuantas parlitanirías pueda conficiunar en la oficina de los embustis pulíticus.

Tamién pur acá tenemos pulíticas, ya que tanto li gustan, y el candidatu don Mazu ha síu botau fuera por la mayoría de tous los elitores, saliendo vitoriosu don Lomas a gustu de tous los más racionales di por acá. Pero todu ellu importa tres moñigas, y nusotrus estamus por la güena leche de la Maja y de la Pinta, que acaban de parir dos becerronis como puñus. Si quieri venir este añu y se determina finalmente a bajar los humus por acá, tenga sabíu que el pan es tal cual, que se pescan truchas, que no faltan pollus y algunus otrus regalus, sin olvidar el miju, tan güenu como siempri. Tampocu li faltará una güena sombra donde espanzurrarsi y hacer coplas, ni una güena fuenti dondi hucicar y lavarsi bien lus morrus, ni la conversación necesaria con los Padres del Colegiu, ni música de pianu y órganu, porque vamus a echar el día del Santu Padre una misa mu maja. Y asina si lu verifica será bien recibíu, suplándule con el trompetón mientras atraviesa la calleja de entrá, con lo cual tendrá gran diversión y gustu. Pero si no lo hace, al menus contesti y diga cómo li va y cómo tié la madre y cómo están los amigus y conocimientus de pur allá. A tous ellus saludamus con el aquel convinienti y a él li damus el abrazu muy estriñíu.

Fernando Fernández de Velasco

Guillermo Morphy


(Avertimientu)

Comu el escribienti que ha llevau la pluma hasta aquí no es pasiegu, convieni saber que todas las e e deben trocarsi por i i y las o o por u u, y las b b por g g, y así de las demás letras, de modu que no quedi ni pinta de lo estampau.


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(3)


Villacarrieu, 27 de octobri de 1859

Gracias a Dios, güen ti Leli, que tuvo el... de escribimi; ya hacía tiempo que esperaba su carta, y tou se convirtía en parla, hasta que el curreu del seis mi traju en una muchas satisfacionis. Para mí es la primera el saber que está gordu comu un becerru y sin aquellus puñoflus de granus o labanillus que tantu li cilingrarun la vez pasá, obligandu al maestro cirujanu a emplear toas las hierramientas del estuchi en espatarralus y atorniscalus. Tamién mi hace rigoldar de gustu el veli llevar las riendas del reinu, siempre y cuando que el tal papiluchu no dé alguna coz como el otri y finalmente cáusami gran alegría el ver que no se li ha apurrau del tou su güen humor, como mi lo indica su carta.

Y ya que mi he desaugau de tantu gustu como tinía en el cuerpu, voy ahora a contestar a su caticismu. Pregúntami en él que qué hagu, que cuándu me encaru caminu de la corti y que si he vistu al Sierón, ¿no es así? Pues bien, li diré que, en cuantu a lo primeru, nu hagu sino lo que mi da la gana, que es pegar grandes corridas, unas veces a pata, y otras caballeru, por tous estos contornus y lindis; arreglar mi cabañu y jardín; tirar a la barra y otras minudencias por el estilu. En cuanto a lo di caminarmi, le diré, con sentimientu por un lau y con gustu por otru, que de aquí a diez días tomaré el rumbu y norti de Madrid; y en cuantu a lo demás, que ayer llegué de Trasmiera, que vi al Sierón al pasu y que mi diju que había recibíu de manu de su sobrinu Nitu el tochu el califunu (¿) de coptos (¿) que por su encargu li habían de entregar.

Mi detuvi pocu porque traía gran prisa, y mi diju que aquella patona ya no era cosa güena y que, si escribía a don Leli Cañeti (el cual era un santo varón), le dijesi que ya él lu había hechu y nu había recibíu la contra, y además que li diesi espresionis. Bien pudía el Sierón haber añadíu que don Leli era un puñoflu, un descastau y un cabezuca, pero no lo diju.

Antis di concluir, li voy a hacer una ricomendación; pero como para tratar di cuestionis convieni darsi cierto aquel con el que escucha, para qui no li tengan a unu por cosa de pocu, y como además quieru que sepa quién soy, abandono mi natural parleta y echu manu de la sintasis, diciendo asi:............... (Aquí, don Fernando, en castellano corriente, expone a Cañete el asunto de un señor carredano, muy amigo de don Fernando; y le pide haga lo que sea posible para complacerle).

Dispensi, mi queríu don Leli, tanta porrería, que si bien proporciona fastidiu está legitimau por el güen fin; dé esprisionis a los amigus, manifiesti mi agradecimientu por las suyas a don Agüera; y sepa que desea dali un abrazu muy estriñíu, su siempre igual y güen amigu,

Fernando.

 
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