Con bastante frecuencia en los últimos tiempos estamos asistiendo en la prensa local a la aparición de artículos en que se anima a los lectores a la recuperación del dialecto montañés, o incluso a veces de la “lengua cántabra”. Casos más extremos han llegado a proponer la enseñanza de no se sabe muy bien qué modalidad lingüística, eso sí, “diferente del español o castellano”. Está claro que en río revuelto siempre hay pescadores que tratan de hacerse con alguna que otra trucha despistada.
Sin embargo, es cierto que desde hace mucho tiempo han despertado la curiosidad de lingüistas y aficionados una serie de peculiaridades idiomáticas que se han venido detectando en el territorio geográfico de la actual Cantabria, y a las que genéricamente se ha denominado dialecto montañés. Lo que no parece quedar tan claro es hasta qué punto esas peculiaridades constituyen un verdadero dialecto autóctono, diferenciado no sólo del español sino también de las hablas limítrofes.
Los primeros estudios sobre este montañés aparecen en Dialectos castellanos: montañés, vizcaíno, aragonés. Fonética, de Pedro de Múgica (Berlín, 1892). Pero será Menéndez Pidal quien en su trabajo El dialecto leonés (1906) señalará los rasgos lingüísticos específicos de una extensa zona del Norte de la Península en la que se incluye la provincia de Santander: “Santander se une al asturiano oriental diciendo jorno, pero no participa de los rasgos generales asturianos, sino de los leoneses”. Las fuentes principales de sus datos son, según él mismo declara, las novelas de Pereda y algunas de las narraciones de Delfín Fernández y González para la zona de Cabuérniga. A partir de este estudio queda, pues, clasificado el dialecto montañés como una variedad dentro del ámbito del leonés. Esta línea de adscripción ha continuado como podemos comprobar en Dialectología Española de Alonso Zamora Vicente (1974), que dedica un extenso capítulo al dialecto leonés entre cuyas variedades lingüísticas incluye las “hablas montañesas”.
En 1922 se publica Estudio del dialecto popular montañés de Adriano García Lomas. Al recorrer el autor la historia del dialecto, señala que el montañés conservó muchas de las expresiones y construcciones que fue perdiendo posteriormente el castellano en su camino hacia la expansión geográfica; de ahí que coincidan lo que él denomina “voces incorrectísimas” usadas en aquel momento por el pueblo con las que se dieron en los primeros siglos del habla castellana o incluso en la lengua de los escritos del siglo XVI y XVII. Atribuye a las modificaciones territoriales que ha sufrido a lo largo de los siglos nuestra región el hecho de que el “patrimonio lingüístico” de Cantabria se haya atribuido a otras regiones. Es este quizá el primer estudio monográfico dedicado de forma individual a nuestro dialecto; aunque se aparte bastante de lo que actualmente se considera que debe ser un trabajo de investigación dialectal, no se le puede negar su valor. García Lomas expone que los datos aportados en su obra han sido obtenidos fundamentalmente de dos fuentes: los “pueblos altos alejados de las modernas costumbres” y la obra literaria de algunos de nuestros más conocidos costumbristas, principalmente Pereda, Escalante, Duque, Pedro Sánchez, Ocharan y otros.
Desde entonces a acá, pocos estudios lingüísticos serios se han dedicado a nuestro dialecto o a algunas de sus variedades. Tenemos los dos trabajos de Penny sobre la zona del Pas o la de Tudanca, la tesis doctoral de Francisco García sobre el dialecto de Cabuérniga de la que, hasta el día de hoy, sólo ha aparecido un pequeño extracto y los trabajos de Carmen Fernández Juncal sobre el valle de Aras.
En 1983 el Instituto de Etnografía y Folklore “Hoyos Sainz” publicó en el volumen XI de su revista mi memoria de licenciatura dedicada al uso del dialecto montañés en la obra literaria de un importante número de escritores costumbristas de Cantabria. El esquema general que entonces elaboré como punto de referencia para poder medir el grado de representación dialectal en estas obras, aunque partió de los estudios dialectológicos que pude consultar en aquel momento, no pasa de ser un modelo un tanto abstracto e ideal de lo que “pudo ser” pero aún no se sabe a ciencia cierta si “sigue siendo” un dialecto, o varios, con sus rasgos específicos más o menos homogéneos. Falta justamente lo más difícil: el trabajo de campo, la comprobación de la realidad lingüística: qué fenómenos se mantienen, en qué zonas y con qué fuerza, en qué tipo de hablantes, etc.
No obstante, hechas las oportunas salvedades, presentamos a continuación, con ligeras modificaciones y actualizaciones, el mencionado esquema por si puede servir de orientación sobre cuáles podrían ser las características más significativas de las hablas de Cantabria aunque sólo sea para evitar dislates oportunistas que no provocan más que confusión en la gente de buena fe, o, mejor aún, para animar a los interesados por este tema a la investigación de algo que cada vez se nos escapa más de las manos. En esta situación es cuando tanto se echa de menos en Cantabria una facultad de Filología que coordinase y estimulase este tipo de estudios como se hace en otras regiones.
RASGOS MÁS GENERALES DEL DIALECTO MONTAÑÉS Fonética y Fonología 1. Epéntesis de /i/. Es frecuente la introducción en el interior de la palabra de una vocal que no tiene justificación etimológica: muriu (Santander). También aparece antes de la vocal tónica: juriacu < *foraccu (ant. cast. huraco, ast. furaco), llumiaco < *limacu (ast. llimiagu), bandias (bandadas) (Cabuérniga).
2. Cierre de la vocal final (/o/ < /u/ y /e/ < /i/). Hasta en Potes y Aguilar de Campoo se hallan ejemplos: pescadu, conventu, mediu. Este rasgo es común a toda la región pero no con el mismo grado de intensidad. En la formación del plural, se diferencian dos zonas: el occidente de Cantabria (como en el centro y oriente de Asturias) el singular hace /-u/, pero el plural hace /-os/; el oriente de Cantabria (incluyendo Polanco y sus alrededores) hace /-u, -us/. También a veces afecta al neutro: eyu, lu, esu, así como a gerundios, participios y adverbios.
3. F- inicial latina. En Cantabria, la F- inicial latina da lugar a una aspiración, frente al asturiano central y occidental (que conserva dicha F-), pero en coincidencia con el asturiano oriental, según señala Menéndez Pidal (1). El origen de este fenómeno ha sido interpretado por el mencionado investigador como probable sustrato de la antigua lengua de los cántabros (2), que repugnaría el sonido /f/ aspirándolo, ya que el territorio que ocupa este rasgo lingüístico viene a coincidir con el territorio de la antigua Cantabria (3). Alonso Zamora Vicente (4) marca los límites de la aspiración desde el río Sella (antigua frontera entre cántabros y satures), en Asturias, hasta el río Miera, a partir del cual ya no la hay. Indica también su conservación en el nordeste de León: “todo el valle de Sajambre usa h aspirada”. Esta aspiración es siempre sorda, a diferencia de las otras zonas de aspiración de la Península Ibérica en que se alternan la articulación sorda y sonora o se elige la variante sonora. Sobre la extensión, hoy en día, de esta aspiración tenemos los estudios de L. Rodríguez Castellano (5) y, más recientemente, de Francisco García González (6). Según estos estudios, la repartición del fenómeno en nuestra región es el siguiente:
a. En más de la mitad occidental, hasta aproximadamente el río Miera, se mantiene con bastante intensidad la aspiración.
b. A la derecha del Miera (zona oriental), la /h/ prácticamente ha desaparecido.
Tampoco existe en Campoo, quizá por su cercanía a tierras castellanas. Aun dentro de la zona noroccidental, la zona costera, quizá por su mayor comunicación, presenta la aspiración con menor intensidad que en la montaña. Según los últimos estudios de Francisco García, dentro del valle de Cabuérniga, comprendido dentro del “área de aspiración intensa” según Rodríguez Castellano, la parte alta, correspondiente al Ayuntamiento de los Tojos, es donde con más intensidad se conserva actualmente el sonido aspirado.
La aspiración no afecta únicamente a la F- inicial, sino también a la /f/ interior: dihunto, bohetá por bofetada..., etc.
En muchas ocasiones se aspira ante /ue/, /ui/, en palabras en que el castellano conserva la /f/: juerza, juimos, etc. La aspiración afecta incluso a la velar castellana J. Por influjo del español actual, la aspiración se va perdiendo cada vez más. Esta aspiración, que podría considerarse como el rasgo dialectal más representativo de nuestro dialecto, ha sido ampliamente reflejado por los escritores costumbristas de Cantabria, que transcriben esta especial pronunciación con la grafía J.
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(1) MENÉNDEZ PIDAL, Ramón: El dialecto leonés.
(2) MENÉNDEZ PIDAL, Ramón: Orígenes del español. Madrid, 1968.
(3) GONZÁLEZ ECHEGARAY, Joaquín: Los Cántabros. Madrid, 1968. Para las diversas teorías acerca de los límites de la antigua Cantabria.
(4) ZAMORA VICENTE, Alonso: Dialectología española. Gredos, Madrid, 1974.
(5) RODRÍGUEZ CASTELLANO, Lorenzo: La aspiración de la /h/ en el oriente de Asturias. Oviedo, 1946, Instituto de Estudios Asturianos. “El estado actual de la h aspirada en la provincia de Santander”, ARCHIVUM, 1954.
(6) GARCÍA GONZÁLEZ, Francisco: “Sobre la aspiración den la provincia de Santander”. Publics. Del Inst. Etnogra. Y Folkl. Santander, 1972.
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4. Palatización de la L- inicial. El resultado LL /l_/ de esta L inicial se extiende también a Santander, donde se hallan formas sueltas como llubina (lubina), llumiaco (limaco), y en topónimos: Los Llares (Torrelavega), Lloreda (San Vicente de la Barquera y Villacarriedo), Llaguno (Castro Urdiales), Los Llaos (S. Vicente), Llerana < Glareana (Villacarriedo).
5. Palatización de la N-. Con resultado /n_/ Ñ, con menor frecuencia: añudar.
6. Conservación de –MB-. En casos como: lomba, camba (cama o pina de ruedas), cambera.
7. Los grupos romances –P´T-, -T´C- y a veces –V´T- dan lugar a un resultado /-l + cons./, al igual que en el resto del leonés: acaldar, yeldar.
8. Pérdida de la /r/ del Infinitivo ante el pronombre enclítico: contalas, royeli...
9. Pérdida de la /e/ final tras /n, l, r, z/ en la 3ª per. sing. Pres. Ind. De los verbos en /-er/, /-ir/: paez, diz, quier, vien. Este es un fenómeno general del leonés. Dentro del montañés se da con más intensidad en los valles interiores del occidente de Cantabria. En oriente y centro apenas existe.
10. Yeísmo. Fenómeno consistente en la confusión de la palatal lateral LL /l_/ con la palatal central Y /y/, muy general en las hablas hispánicas. Respecto a Santander, se dijo tradicionalmente que “la capital confunde y las montañas diferencian”. Sin embargo, ya nos señala Francisco García que en las novelas de Pereda hay un acusado yeísmo, hecho que se corresponde con la realidad: “Y en efecto, los valles del Nansa y Saja, así como las tierras bajas de la costa comprendidas entre estos ríos, son yeístas (Tudanca, Rionansa, Los Tojos, valle de Cabuérniga, Valdáliga, Cabezón de la Sal, Comillas, Ruiloba, Alfoz de Lloredo, etc.). También confunde desde antiguo Santander ciudad”. En relación a Pereda, añade que “Pereda tenía conciencia del fenómeno y lo utiliza acertadamente para caracterizar los personajes de sus obras”.
La extensión de este fenómeno en nuestra región nos la adelanta Manuel Alvar: “La conservación de ll forma un arco por el sur de la provincia con estribos de apoyo en los extremos orientales y occidentales y alguna salpicadura no lejos de Santander; o dicho de otro modo, los procesos de neutralización ll = y se cumplen como resultado de una irradiación lingüística producida desde la capital”. Esta distinción tiene también carácter social: entre gentes mayores, entre mujeres, o, como señalaba Francisco García en Pereda: “son yeístas los personajes típicos, pero no el señorito Marcelo, el médico o el cura” (en Peñas Arriba de Pereda).
En resumen, según Manuel Alvar, toda la provincia es distinguidora salvo algunos puntos cercanos a núcleos urbanos. En nuestros costumbristas, exceptuando el caso de Pereda, señalado por F. García, este fenómeno aparece reflejado en pocas ocasiones como veremos. Uno de estos costumbristas, José Calderón Escalada, habla del yeísmo como ausente en el valle de Campoo, mientas hace alusión a su presencia en otras zonas de Cantabria, especialmente aquellas cercanas a centros urbanos. El hecho de que no lo reflejen los demás costumbristas pudiera deberse bien a que están transcribiendo conscientemente y con exactitud la ausencia de este fenómeno en la zona por ellos descrita, bien a que no tenían conciencia de esta distinción. no tenían conciencia de esta distinción.
11. Pérdida frecuente de la /-d-/ intervocálica < -T- y –D- latinas, conservada en castellano, aunque hoy día esto es un fenómeno muy corriente en el habla vulgar y descuidada de toda España, en especial en los Participios en –ADO: ha pasao, ha llegao..., etc. En las hablas montañesas existe también, pero más extendido, no sólo en los Participios: tos (todos), patás... A veces se pierde también la /-d-/ final del Imperativo: cantai, correi, dormii, rasgo corriente asimismo en Asturias. Sin embargo, Ralph Penny dice que no se da en Tudanca.
12. La Metafonía vocálica. Existe también en algunas hablas montañesas un fenómeno muy especial que se da principalmente en el valle de Pas, y que ocupa una zona bastante homogénea del Centro–Sur de la provincia. Se trata de la metafonía o inflexión de la vocal tónica, muy extendido también en Asturias. Ha sido rastreada en los municipios de San Pedro del Romeral, Vega de Pas, San Roque de Riomiera y Arredondo (en estos se conserva una gran vitalidad, ocupando íntegramente estos municipios). Con mayor o menor grado en los municipios de Luena, Villacarriedo, Selaya, Sarón, Santa María de Cayón, Penagos, Liérganes, La Cavada, Ruesga y Soba. También en la zona norte de Burgos: Espinosa de los Monteros y en un rincón de Valdeporres. Estudios más recientes
13 extienden la zona de influencia de este fenómeno hasta muy cerca de la costa y de la frontera con el País Vasco, concretamente en el valle de Aras. Esta metafonía se conserva allí con más fuerza entre los mayores que en las generaciones jóvenes.
Esta metafonía montañesa se parece a la asturiana, pero se diferencia de ella, según ha señalado Dámaso Alonso14 en que /a/ > [a], /e/ > [i] y la /o/ > [u]. Por lo que se conoce hasta ahora, se puede decir que hay una tendencia a la metafonía vocálica en una extensa zona cántabro-astur, con dos áreas de mayor desarrollo del fenómeno: el valle de Pas en Santander y las cuencas del Nalón (/a/ > [o] y del Caudal (/a/ > [e]), en Asturias.
Sin embargo, y a juzgar por los resultados de los últimos estudios sobre el fenómeno, es muy posible que, en Cantabria, éste tuviera en épocas una gran vitalidad en una importante y homogénea extensión geográfica. Hoy, debido sobre todo al mayor nivel de instrucción de los jóvenes y a la influencia del español estándar difundido a través de los medios de comunicación, va perdiendo terreno, quedando relegado a pequeñas zonas aisladas, algunas todavía desconocidas. De ser esta hipótesis cierta, no sería necesario suponer un trasplante de pastores asturianos a la región de Pas, ni una originaria colonización del norte de la Península de gentes procedentes del sur de Italia, como había creído en un principio Menéndez Pidal.
Morfosintaxis 1. Nombre. El Genitivo se expresa muy a menudo sin preposición, sobre todo en denominaciones de lugar que forman una especie de compuesto. Es fenómeno general del habla vulgar de toda España y no es precisamente sintáctico, sino simplemente de fonética: la /d/ inicial de la preposición se pierde al hallarse entre vocales, como lo prueban las formas intermedias con la /e/ de la preposición subsistente: el huerto´e Fulano, pero, detrás de consonante, la /de/ reaparece: el pajar de Fulano. En lo que respecta a la formación del Número, la zona de Cabuérniga, y en general en todo el occidente de Cantabria (como en el centro y oriente de Asturias) hace los sustantivos masculinos /-u, os/, mientras la zona oriental hace /-u, -us/. También en Cabuérniga se registran dos variantes para los sustantivos acabados en vocal tónica: /-es/ (en hablantes con un nivel más elevado), /-ses/ (casos aislados que conservan este arcaísmo del castellano).
Marroquíes / marroquise
Champúes / champuses
En el morfema de Género, la oposición masculino / femenino del español puede conllevar las siguientes diferencias semánticas: En los sustantivos que se refieren a “seres animados”:
a) Diferencias de sexo, como en español: lobu / loba.
b) Adulto / cría: trucha / truchu (alevín de trucha).
c) Diferencias de calidad o tamaño. El femenino designa la forma neutra: oveja / oveju (oveja ruin).
En los sustantivos referidos a “seres inanimados”:
a) Diferencias de tamaño. El masculino designa el tamaño menor, equivale a un diminutivo: botella / botellu.
b) Diferencias de cantidad. El femenino designa lo colectivo, mientras el masculino la unidad: leña / leñu, madera / maderu.
c) En los vegetales, se expresa mediante el género la diferencia adulto / joven: alisa / alisu.
d) En la fruta, la diferencia es madura / verde: breba / brebu, manzana / manzanu.
En el dialecto de Cabuérniga este sistema es tan productivo que cualquier sustantivo femenino en /-a/ puede formar su correspondiente masculino en /-u/ con valor diminutivo o con una valoración negativa. Por otra parte, los nombres de árboles frutales terminan en /-ar, -al/ (rasgo común con el leonés), pero en Cantabria son siempre masculinos.
2. El Adjetivo. Salvo en los casos de “neutro de materia” que luego veremos, no presenta otras peculiaridades que las ya señaladas para los sustantivos. En lo que se refiere a los grados del adjetivo, el sufijo /-ísimo/ no se usa con el mismo valor que el Adjetivo acompañado de /muy/, como en español. El sufijo aporta mayor intensidad, por lo que se establece una escala de valores: muy listu – listísimu – muy listísimu. En cuanto al posesivo, en Cantabria las formas apocopadas del posesivo llevan antepuesto el artículo y se pronuncian con acento de intensidad: /la mí casa, el mí hombre/. Es rasgo común con el leonés y asturiano, y también con el castellano antiguo.
3. El Neutro de Materia. De forma sistemática se produce en este dialecto una triple distinción del género (masculino, femenino y neutro) por medio de los significantes de los morfemas /-u, -a, -o/. En algunas zonas, en que han confluido el masculino y el neutro: /-u, -o/ > /-u/, no es comprobable esto, pero sí se puede rastrear en la “forma neutra” de sustantivos femeninos: la leche es güenu16. Donde parece que este fenómeno se da con más precisión es en el valle de Pas17. Dámaso Alonso señala que el fenómeno se extiende desde el asturiano central al oriental, llegando hasta las proximidades de Cabezón de la Sal, (municipio de Udías): era de noche ciego, ¡Qué guapu está la ropa!, el agua está fríu. Esta triple distinción se pone de manifiesto en una serie de unidades lingüísticas relacionadas con dos clases de nombres:
1) Nombres “contables”, es decir, que representan a seres numerables.
2) Nombres “no contables”, que abarca un campo semántico continuo, aunque en él quepa hacer subdivisiones.
En el caso del primer tipo, los nombres adoptan bien forma masculina, bien femenina. Sin embargo, en los nombres del tipo 2 la forma adoptada es la neutra; esto se hace extensivo a otras unidades lingüísticas como:
a) Formas átonas de 3ª persona del Pronombre, cuando aparecen como referentes de estos nombres en la función de Implemento (Complemento Directo). (véanse los diferentes paradigmas que se exponen a continuación en el apartado dedicado al Pronombre).
b) Forma tónica (ELLO/ cuando es referente de un nombre “no contable”: compra mucha ropa, y ¿sabes qué jaz con ello?
c) Adjetivos pospuestos a sustantivos “no contables”, que poseen género femenino, adoptan la forma masculina en /u/: leña delgáu, cal vivu, la leche no es caru. Esto no ocurre más que en singular, pues en plural tenemos: las frutas secas, las vacas delgás, y en posición pospuesta, pues en posición antepuesta tenemos: buena fruta, mala leche.
d) Cuando el Adjetivo que acompaña a estos sustantivos se nominaliza, se combina con diferente Artículo:
el toru negru -> el negru
la casa blanca -> la blanca
el ganáu tudancu -> lo tudancu
la herba secu -> lo secu
e) El demostrativo español /ESTO, ESO, AQUELLO/ puede combinarse con sustantivos “no contables” de género femenino o masculino: la maera aquello, el maíz eso.
f) En los posesivos, los sustantivos “no contables” con artículo /LA/ toman la forma masculina cuando van pospuestos: la leña tuyu, el dineru suyu. Lo mismo ocurre cuando se nominaliza el posesivo:
lo suyu -> (el ganáu suyu)
lo míu -> (la leña míu)
4. El Pronombre. El pronombre átono se pospone al verbo, especialmente al comienzo de la frase: confundilos, vilos... Este rasgo es común con el castellano antiguo (medieval y clásico), y con el asturiano actual. Hoy se mantiene en el occidente de Cantabria (valles altos del Nansa y Deva). En el resto de la provincia se oye raras veces; es un fenómeno en regresión. En cuanto al uso de los pronombres de 3ª persona, en la función Implemento (Complemento Directo), quien más ha clarificado este aspecto en las variedades dialectales de nuestra región ha sido Francisco García18, quien distingue varios paradigmas en Cantabria:
PARADIGMA I. Corresponde a las comarcas montañosas de la mitad occidental de la provincia. Es idéntico a los que rigen aún para las hablas asturianas centrales y occidentales. Conserva el estado originario del dialecto montañés.
/LU/ ......... nombres contables con artículo /el/.
/LO/ ......... nombres no contables con artículo /el, la/.
/LA/ ......... nombres contables con artículo /la/. Sigue vigente aún en los valles altos de los ríos Saja, Nansa y Deva.
PARADIGMA II. Es característico de la zona de habla pasiega19, y se extiende a zonas no pasiegas en la expresión familiar o coloquial:
/LE/ .......... nombres contables con artículo /el/.
/LU/ .......... nombres no contables con artículo /el, la/.
/LA/ .......... nombres contables con artículo /la/.
El leísmo, aquí presente, no se debió a presiones externas, sino que surgió como solución, dentro de la reorganización del sistema, para mantener diferenciados los valores de masculino y neutro que, debido a la tendencia a la relajación de las vocales átonas en el habla pasiega, hubieran dejado de diferenciarse. Es posible que todo el oriente de la provincia tuviese un proceso semejante
PARADIGMA III. Supone, este esquema, un primer grado de “castellanización” de los paradigmas I y II:
/LE/ .......... nombres contables con artículo /el/.
/LO/ .......... nombres no contables con artículo /el, la/.
/LA/ ........... nombres contables con artículo /la/.
En I: se elimina /LU/ , constituyendo la forma más dialectal. En II: se abre la vocal /LU/ > /LO/.
Este modelo es el más extendido por la región cántabra. Predomina en el medio rural, pero puede oírse también en las villas y ciudades. Aunque es propio del pueblo llano, se oye, a veces, en el lenguaje coloquial de las personas cultas. Sin embargo, no aparece en el lenguaje escrito. Por otro lado, a medida que se avanza hacia el oriente de la provincia, la regularidad de este sistema se va haciendo más borrosa.
PARADIGMA IV. Dentro de los usos dialectales, refleja la situación más evolucionada. Responde, en general, al habla de las ciudades, y al lenguaje corriente de las personas cultas. Es el utilizado en la lengua escrita. Con relación al esquema anterior, presenta un grado mayor de aproximación al español común.
Concluye Francisco García que “en Santander no existe el leísmo en su grado máximo”. Es decir, no aparece con un mínimo de regularidad en la lengua oral ni, por supuesto, en la escrita el referente /LE/ aludiendo a nombres no contables. En lo que se refiere a las formas átonas de los pronombres en la función Complemento (Complemento Indirecto), aparece con bastante frecuencia el laísmo, uso del referente /LA/ en lugar de /LE/ cuando se alude, preferentemente, a personas o animales con género femenino. El dialecto cántabro originario no era laísta, ni lo es hoy en las zonas montañosas. Sin embargo, este fenómeno es caso general en nuestros costumbristas. Por otra parte, el loísmo (uso de /LO/ en vez de /LE/ en la función de Complemento (C. Indirecto) como referente de nombre con género masculino) es mucho menos frecuente que los dos casos anteriores.
En cuanto a las formas átonas de 1ª y 2ª persona, aparecen, en ocasiones, los pronombres arcaicos /NOS/ y /VOS/, en lugar de /NOSOTROS-AS/ /VOSOTROS-AS/: más avisaos que nos. En la zona de cabuérniga alternan estas dos posibilidades, dependiendo de la edad de los hablantes: las generaciones más jóvenes usan /NOSOTROS-AS/ Y /VOSOTROS-AS/, mientras las personas mayores usan /NOS/ y /VOS/. Este es rasgo común al bable (central y oriental), y se usa también en tierras de León, Zamora y Salamanca.
5. El Verbo. Pocos son los rasgos especiales que se registran en el sistema verbal respecto al español. Por un lado, tenemos el uso de Perfecto Compuesto /HE CANTADO/, común con el castellano, pero opuesto a la práctica ausencia de esta forma en Asturias, sustituida por /CANTÉ/. Aunque, a semejanza del leonés, es más frecuente la forma simple /CANTÉ/ que la compuesta /HE CANTADO/, en la zona de Cabuérniga se usa la segunda cuando se quiere destacar la vigencia en el momento de habla de una acción del pasado: ahora han viníu cuatro días de sol; yo siempre he tuvíu muchos catarros. La forma del Pretérito Anterior /HUBE CANTADO/, como ocurre en el español estándar, ha desaparecido en el uso. Por otra parte, de las dos opciones del español para el Pretérito de Subjuntivo /CANTARA-SE/, en esta zona domina de forma casi absoluta la variante /CANTARA/ que, sin embargo, no se usa como en el bable con valores de Pretérito Pluscuamperfecto /HABÍA CANTADAO/, ni de Condicional /CANTARÍA/, ni de Pretérito Perfecto Simple /CANTÉ/. Por otro lado, se dan algunos casos de distintos regímenes de preposición respecto al español común, pero coincidentes con la zona asturiana: tengo de, en lugar de tengo que.
6. Adverbio. Preposición y Conjunción. La mayoría difieren sólo en detalles fonéticos, pero vienen a tener el mismo uso y significación que en el español.
Morfología léxica 1. Prefijos. Los más corrientes y característicos en Cantabria son:
/a-/: Muy frecuente; suele carecer de valor, sobre todo cuando se añade a raíces verbales: aparar, arremendar, arrascar. A veces se antepone a sustantivos: amoto, arradio.
/en-/, /in-/: enlargar, enguiñar, engarrarse.
/es-/, /des-/: Suele añadir un matiz de “separación” o de “oposición”: desdar, escoser20.
/so-/: Conserva el valor de “bajo”: soterrar, socarrena (tinglado).
2. Sufijos.
/-ín/: En Cantabria también se usa este diminutivo, pero con menor frecuencia que en Asturias.
/-ón/ Aumentativo: casona, mocetón. A veces tiene un matiz despectivo: porfión, preguntón...
/-al/, /-ar/: Suele emplearse de forma semejante al español para designar colectivos de árboles o plantas frutales: manzanal, limonal. En algunos casos se aplica a otro tipo de realidades: nial (referente a “nido”).
/-era/: Aplicado a adjetivos y sustantivos: la vejera ( la vejez), la sudaera (la sudada), la jumera (humareda).
/-ura/: Puede añadirse a adjetivos y, en este caso, el derivado tiene sentido abstracto: friúra (frío), tontura (tontería).
/-ucu/: Diminutivo típico de Cantabria. Algunos costumbristas limitan en sus obras la caracterización del dialecto montañés a la presencia de este sufijo del cual, en ocasiones, abusan un tanto. Uno de estos escritores, Francisco Cubría, critica este hábito en una de sus novelas: “Ese diminutivo que suele ser en otros casos el único recurso que emplean algunos para darle a sus escritos carácter montañés. Ese “uco” es un tópico literario de literatos urbanos de pastaflora montañesa”.
/-iegu/: De posible origen ibérico. Forma adjetivos a partir de nombres que expresan cualidades no personales, o también gentilicios: sombriegu, carmoniegu, pasiegu.
/-izu/: Despectivo montañés: lambedizu.
/-uzu/: También despectivo: chicuzu (Villacarriedo y zona pasiega).
/-uciu, -urciu/: Despectivo característico de la zona pasiega: parleteruciu, hombruciu.
/-orio/: Abundan en Cabuérniga y Torrelavega: velorio, raspanorio.
A MANERA DE CONCLUSIÓN Este sería el esquema de los rasgos más generales y distintivos del dialecto cántabro que, sin embargo no ofrecen un sistema homogéneo. Ellos se asemejan, especialmente en la zona occidental de la región, a los propios del leonés: fenómenos del vocalismo como el cierre de las vocales finales, la metafonía, la palatización de /l/ y /n/ iniciales, el uso del posesivo con artículo, el neutro de materia, etc.; pero en otros aspectos parece acercarse más al castellano: ausencia de la diptongación de las vocales breves latinas /o, e/ en contacto con yod (uello, viengo) y de las formas del verbo SER (yes, ye), no conservación del diptongo /je/ ante LL (n todas las hablas leonesas y asturianas: castiello, siella), ausencia de otros fenómenos típicamente leoneses o asturianos como el cambio /-as, -an/ > /-es, -en/ (les vaques, cantaben), el apócope /-ino/ > /-in/, etc.
Es curioso que uno de los fenómenos más peculiares del castellano antiguo, la aspiración de la F- latina, que lo distingue de la mayor parte de las lenguas romances, incluyendo también al leonés, sin embargo se ha venido explicando como propio del leonés (o asturiano) oriental, cuando está claro que la mayor parte del territorio del leonés mantiene la F-. Esta aspiración, una de las más significativas “peculiaridades cantábricas” como la denominó Emilio Alarcos, la perdió el castellano a medida que fue avanzando a la par que la Reconquista, pero en Cantabria se ha conservado en bastantes zonas. Quizá sea la escasez de rasgos específicos (aparte del ya mencionado) lo que ha motivado la inclusión del montañés en el ámbito de las hablas leonesas. Esta mezcla de ingredientes de diversa, o discutible, procedencia parece constituir la especificidad de las variedades lingüísticas de Cantabria.
Tenemos así un dialecto que se encuentra, por una parte, en la base del español actual, pero que tiene, al mismo tiempo, una serie de rasgos diferenciadores que el español no heredó o eliminó muy pronto en su proceso de formación como lengua histórica. Muchos de estos rasgos son, además, comunes con las hablas que ocupan el territorio del antiguo reino leonés.
Sin embargo, nos estamos acostumbrando demasiado a aceptar el manido argumento de que una comunidad no tiene especificidad cultural di no tiene una lengua diferente, ¡lo más posible!, de la lengua “oficial”, es decir, el español. Así, el español se ha convertido hoy en una lengua espuria con la que nadie quiere tener la menor relación. En nuestro caso, esta moda, en ocasiones enfermiza, hace olvidar que lo que más puede dar entidad al montañés es el hecho de conservar algunas de las peculiaridades que diferenciaron al castellano primitivo de las lenguas limítrofes, que luego, con el correr de los siglos, desembocaría en el español actual, lengua que ha logrado aglutinar aquellos primitivos balbuceos con aportaciones de otras lenguas, algunas de las cuales hoy le niegan el pan y la sal.
Seguir esta línea de negación supone renunciar a los orígenes. En el discurso conmemorativo del Milenario de la Lengua Castellana, celebrado en 1977 en el monasterio de San Millán de la Cogolla25, mi añorado profesor, D. Emilio Alarcos Llorach destacó la importancia de las Glosas Emilianenses como “el primer ejemplo histórico del romance protohistórico que se hablaría en la región llamada en los últimos tiempos visigóticos Ducado de Cantabria, y que se extendía desde las fuentes del Pisuerga y el Ebro, siguiendo el valle de este río, hasta La Rioja, y abarcando las comarcas de la Montaña santanderina, Campoo y el norte de la provincia de Burgos”. Más adelante añade que “el dialecto rural de la antigua Cantabria tuvo la suerte de ser el instrumento de expresión de una comunidad con fuerte energía social, la vieja Castilla (aquella de la que el Poema de Fernán González decía que tenía por cabeza a Amaya y a los montes de Oca por mojón)”, y que se fue extendiendo hacia el centro y sur de la Península mezclándose con las lenguas de los territorios que iba conquistando, al tiempo que perdía alguna de sus características originarias.
Desde esta perspectiva histórica es desde donde tiene sentido la recuperación del olvido del dialecto montañés. Que la variedad (o variedades) lingüística de la Cantabria actual tenga o no consideración de dialecto o lengua poco importa ante una trayectoria histórica como la ya señalada.
Ahora bien, si se quiere impulsar esta recuperación hay que empezar por rastrear lo que pueda quedar de esta variedad lingüística, conocerla a fondo indagando en sus matices, en el concepto de la vida y el mundo que siempre hay tras una forma de expresión. Esto exige recorrer pueblos y valles, superar el recelo de sus habitantes –muy habituados al desprecio que su forma de hablar suscita-, conversar con ellos sobre sus actividades cotidianas, recoger los cuentos, leyendas, mitos, romances y canciones que aún se conservan en sus mentes. Todo esto puede representar demasiado esfuerzo para quienes, de forma interesada, pretenden ofrecer a los hablantes alternativas artificiales de reciente creación que poco tienen que ver con la lengua viva y que están, por tanto, abocadas al fracaso. Afortunadamente, la lengua no se inventa ni se impone; es, como nos decía el profesor Alarcos en las aulas de la Universidad de Oviedo, una de las pocas instituciones humanas “verdaderamente democrática” ya que la hacen (o la deshacen) sus hablantes con arreglo a sus necesidades comunicativas, desoyendo los consejos académicos e incluso las “correcciones políticas”. Las lenguas son puentes de comunicación, no abismos de separación.
Una variedad lingüística como el montañés tiene un contexto, unos hablantes y una especial situación comunicativa. Hay que buscar la fórmula que haga posible mantener lo local sin entrar en colisión con lo nacional. No se puede enfrentar la madre con la hija, esta mucho más avanzada y culta, en un contexto europeo, como es el actual, en el que tiene muchas más posibilidades de sobrevivir aquella forma de expresión que cuenta con más armas con que competir. Este es el reto al que se enfrenta nuestro dialecto. Los 4esfuerzos provincianos en otro sentido no pasarán de ser, en palabras de Antonio Muñoz Molina, como “poner puertas al campo”.
Publicado en el número 1 de la revista L´Ábrigu (iviernu 1998)